jueves, 5 de abril de 2012

Ronnie Wallwork, historia de una decepción


Surcando el cielo en el avión que me lleva de Berlín a Madrid, no se me ha ocurrido mejor idea que escribir sobre otro de esos “juguetes rotos” del fútbol, fascinantes personajes, anti-héroes, de los que nos gusta tanto saber. Y es que encontramos el mismo interés o más en historias de carreras truncadas que en las de ídolos de trayectoria triunfante. Por lo menos un servidor.
Nuestro protagonista de hoy se llama Ronnie Wallwork, y pasó de ganar la antiguamente conocida como Copa Intercontinental (hoy, Mundial de Clubes) con el Manchester United a ser condenado a 15 años de prisión por robar coches de alta gama para después venderlos por piezas.
Ronnie Wallwork era un central duro pero con buena salida de balón, tanto es así, que alternaba su posición en el centro de la defensa con la de mediocentro, siendo uno de los miembros más destacados de las inferiores del Manchester United. Titular con la selección inglesa sub’ 17que jugó el Mundial Juvenil de Malasia (junto a Michael Owen, por ejemplo), Wallwork tenía por delante un futuro a priori brillante. Su mayor defecto era su carácter conflictivo, dentro y fuera del campo (típico jugador inglés rudo y agresivo).
Con todo, el eterno mánager de los “Red Devils”, Alex Ferguson, había depositado bastantes esperanzas en Wallwork, así que le hizo debutar el 25 de Octubre de 1997 ante el Barnsley, a los 20 años. Como es normal en los equipos ingleses, el United cedió a nuestro protagonista al Carslile, al Stockport, y por último a un equipo belga con el que tenían un acuerdo de colaboración, el Royal Antwerp. En Bélgica, Wallwork hizo bien su trabajo, y se implicó mucho con el equipo, cuyo objetivo era ascender a la primera división del país, objetivo que después de una gran temporada, dependía de un partido de promoción, una final digamos, contra un equipo llamado La Louvière. El partido lo ganaron estos últimos, y por tanto, ascendieron, siendo el culpable de esta situación, según Wallwork, fue el árbitro, así que, tomándose la justicia por su mano, golpeó y cogió del cuello al árbitro que les había dejado, al parecer, sin su ansiado premio.
La FIFA, debido a este incidente, le prohibió jugar en un equipo afiliado a ellos de por vida. Sólo la mediación del Manchester logró que esa pena se redujese a no poder jugar en Bélgica. Vamos, que se pasó de una sanción que le podría haber retirado a otra que, literalmente, le debí a dar igual (hacer carrera en Bélgica no parecía estar entre sus prioridades).
Tras este turbio incidente, Wallwork volvió a la disciplina de los “Red Devils”, y Ferguson empezó a darle minutos en el primer equipo. Así, en dos temporadas, logró ganar la Intercontinental, y la Premier League. Aun así, se estancó un poco, y entre su difícil carácter, y la llegada de centrales de renombre como Laurent Blanc, el Manchester decidió que era el momento adecuado para darle salida.
Así, Wallwork aterrizó en el West Bromwich Albion, un equipo que desde el primer momento le dio responsabilidades y confianza, y en el que se convertiría en pieza clave, logrando incluso el trofeo al mejor jugador de la temporada en 2005.
Pero los años dorados no iban a durar para Wallwork. Dos años después era cedido al Barnsley, debido a un bajón de rendimiento. Cuando sólo llevaba dos partidos con su nuevo equipo, una noche de copas en el Sugar Lounge de Manchester se iba a convertir en el principio del fin para el bueno de Ronnie Wallwork. El ex novio de su pareja, en un ataque de celos, le apuñaló repetidas veces en la pierna, abdomen, y espalda. La recuperación fue dura, y pese a intentar volver a jugar en equipos como el Huddersfield o el Sheffield Wednesday, en 2008 decidió poner fin a su carrera como futbolista, emprendiendo diversos negocios, todos turbios, y todos fracasados.
En la espiral hacia el infierno en la que estaba sumido Wallwork, toda decisión era peor que la anterior, y así, decidió embarcarse en el negocio de robar coches de lujo para después venderlos por E-bay. Pillado “in fraganti” por la policía, y culpable auto-declarado, Wallwork ha sido condenado a sus 34 años a 15 de prisión. Seguramente nadie se imaginaba este final para un jugador tan prometedor, lo cual nos hace recordar lo difícil que es mantenerse ahí arriba, y lo fácil que es caer a lo más bajo.

Extracto de un partido del United en el que participó Wallwork:

miércoles, 15 de febrero de 2012

Zambia hace las paces con Libreville


El zambiano Stoppila Sunzu, centrocampista del TP Mazembe de la modesta liga congoleña, avanza a paso lento hacia la portería, donde le espera, más tenso que concentrado, Boubacar Barry, arquero de la potente selección Costa de Marfil. Sunzu está rodeado de miles de ruidosos aficionados africanos, pero solamente oye el silencio. Su misión: Anotar el penalti que otorgue a Zambia, su patria, la primera Copa de África de su historia. Es el noveno turno de una de las tandas de penalti más emocionantes que se hayan vivido en la historia de la competición. El fallo del costamarfileño Gervinho, estrella del todopoderoso Arsenal, deja en bandeja por segunda vez en 3 minutos el triunfo a los "Chipolopolo". Sunzu toma carrerilla, la pega con el interior, a media altura, hacia su lado derecho de la portería. Barry se lanza al lado contrario, y mira como, a cámara lenta, el balón traspasa la línea de gol, llevándose consigo las ilusiones de los "Elefantes".
Sttopila Sunzu siente de pronto como el silencio se transforma en el glorioso rugido de la victoria. Sabe que su gol vale una Copa, pero sobretodo sabe que ese penalti marcado en Libreville, capital de Gabón, sirve para que su país, Zambia, haga las paces con la ciudad maldita en la que se quedaron para siempre treinta compatriotas en 1993, entre los cuales, dieciocho eran componentes de la selección de fútbol.
Y es que aquella tarde de abril de 1993, la selección de Zambia volaba desde Port Louis (Islas Mauricio) hacia Dakar (Senegal), donde iban a jugar un partido de clasificación para la Copa del Mundo de 1994 en E.E.U.U contra los senegaleses. El avión, perteneciente al ejército zambiano, paró a repostar en Libreville. Ahí pisaron tierra por última vez los jugadores y allegados de la selección, ya que poco después de volver a despegar, cayeron a unos dos kilómetros de la costa gabonesa. No hubo supervivientes. Moría ahí la mejor generación de jugadores zambianos de la historia del país, un equipo que tenía serias opciones de clasificarse para el Mundial.
Kalusha Bwalya, estrella del equipo, se salvó. Su condición de jugador del PSV Eindhoven hizo que le liberasen de jugar contra Islas Mauricio, y se trasladase a Dakar por su cuenta, en otro vuelo. Su obsesión a partir de entonces fue la de reconstruir el equipo. Desafortunadamente no logró llevar a su nación al Mundial, pero sí puso el germen para rearmar una selección, que, diecinueve años después, honra a sus fallecidos en la misma ciudad en la que estos dijeron adiós. El logro de este grupo liderado por Chris Katongo, que cuenta con un único jugador en ligas europeas (Mayuka), es enorme. No sólo han batido a Costa de Marfil en la final, sino también a la, a priori superior, Ghana en semis, o a Senegal (selección contra la que no pudo jugar la generación del 93), en la liguilla.
Hervé Renard, el "mago blanco" francés, entrenador del equipo, puede estar orgulloso de sus jugadores, y ellos, de su entrenador.
Lo que está claro es que entre todos han logrado que un país entero (y todos los amantes del fútbol también) se emocione, primero, con la consecución de su primera Copa África, cuando nadie daba un duro por ellos, y segundo, y más importante, con el recuerdo de sus héroes del 93, otra gran generación, que cayó a pocos kilómetros de donde Katongo levantó el domingo la copa, ofreciéndosela al cielo.


martes, 24 de mayo de 2011

Iván De la Peña, el de los pases; el de las lesiones


19 de Mayo de 2011. Un hombre de 35 años rapado al cero, más bien menudo, y con cara de buena gente, rompe a llorar ante los micrófonos mediante los cuales intenta decirnos que lo deja. Que se va. Su mente trata de transmitirnos ese mensaje, pero su corazón no se lo permite, ahogando las palabras en un mar de lágrimas. Y es que no es fácil dejar lo que más amas en este mundo tras toda una vida dedicada a ello. No es sencillo despedirse del fútbol cuando te llamas Iván, y te apellidas De la Peña.
Iván De la Peña López nació un 6 de Mayo de 1976 en Santander, ciudad donde sus padres regentaban, y aún regentan, el conocido restaurante "Los Peñucas", situada en el barrio pesquero de la mencionada capital cántabra. El chaval mostró detalles de crack desde muy joven, y en 1990, el Real Madrid y el F.C. Barcelona llegaron a Santander con intenciones de llevárselo a sus respectivas canteras. Maite, la madre de Iván (que entonces contaba con 14 años), prefirió el Barça, debido a que el alojamiento en La Masía parecía mucho más confortable para su hijo que la pensión que le ofrecía el club merengue. Así, en Agosto de 1991, De la Peña entraba a formar parte de la cantera culé, y a liderar a la "Quinta del Mini", aquella generación de jóvenes canteranos llamados a liderar al club tras la gloriosa época del Dream Team. Entre ellos, jugadores que luego destacarían, como los hermanos García Junyent, Roger y Óscar, Javi Moreno, Celades, Mingo, Quique Álvarez, Arnau, o Toni Velamazán.
En 1995, Johan Cruyff le hace debutar ante el Valladolid, partido en el que marca el 0 a 2 definitivo, y empieza a hacerse un nombre entre la afición barcelonista, que se fija en ese jovencito que va rapado al cero, y cuyos pases son mágicos. Tras una temporada con Cruyff, en la que este no confía mucho en él, debido a su temor a que su progresión eclipse la de su hijo, Jordi (llegó a decir que este tenía más calidad que Iván porque la pegaba mejor con la izquierda), llega en la 96/97 Bobby Robson, de la mano de otro fenómeno, Ronaldo. Con ellos, "El pequeño Budda" (mote que le puso José Mari Bakero), juega su mejor fútbol en Camp Barça, afianzándose en la titularidad en la segunda mitad de temporada, y ayudando con sus pases y su juego a la consecución de la Copa del Rey, de la Recopa, y de la Supercopa de España.
La temporada siguiente llegó el polémico Louis Van Gaal, que considera a Iván un lastre defensivo y un jugador demasiado individualista, relegándole a un rol secundario en el equipo, a favor de Giovani (el de los cortes de manga en el Bernabéu). En esa época comienza a tener problemas con las lesiones musculares, lastre que arrastrará durante casi toda su carrera deportiva. En 1998 se marcha a la Lazio, en busca de los minutos que Van Gaal le negaba. Su rendimiento en el equipo transalpino es menor del esperado, y es cedido al Marsella, equipo al que llega fuera de peso. Recuperado, se convierte en pieza fundamental del equipo francés. Tras ello, Iván no vuelve a sentirse futbolista, debido a, otra vez, las lesiones, hasta 2002, año en que es fichado por el que se va a convertir en su casa para el resto de sus días como futbolista: el RCD Espanyol. Con los pericos juega 178 partidos, marcando 8 goles, y dando miles de muestras de su talento, un talento puro. Su juego con el club barcelonés hizo que por fin tuviese la oportunidad de jugar en la Selección española en 2005.
Tras dos temporadas en las que casi no ha jugado por culpa de una lesión (otra) en el talón de aquiles, dice adiós. Como él mismo explica, con la voz entrecortada en su última rueda de prensa como futbolista, su cabeza quiere seguir, pero su cuerpo no se lo permite. Hace pocos meses oímos las mismas palabras saliendo de la boca de otro coloso del fútbol, también rapado, de la misma edad que Iván, y compañero suyo en el Barça, cuando el futuro pintaba dorado: Ronaldo.
Por eso desde este blog quería rendir homenaje a uno de los futbolistas con más talento que ha dado nuestro país. Por sus pases, por su toque, por su visión de juego, por su rapidez mental. Por su genio, y por su arte.
Grande, "Lo pelat".

martes, 26 de abril de 2011

George Best, gran futbolista, mejor bebedor


No podía faltar en este blog una entrada sobre el icono más grande de la historia del fútbol británico y de sus bares. Si en anteriores "posts" os hablé de "bad boys" como Paul Gascoigne, o Robin Friday, hoy escribo sobre el que podríamos considerar "capo" absoluto de ese tipo de jugador que tanto nos gusta: El que es buenísimo sobre el césped, pero mejor aun en la barra del pub.
George Best nació el 22 de Mayo de 1946 en la ciudad norirlandesa de Belfast. Hijo de Dickie y Anne (que murió cuando George tenía 32 años a causa del alcohol), creció en Cregagh, pueblo de su ciudad natal. Sorpende averiguar que de niño, Georgie Best era un buen estudiante que ganó un viaje de estudios gracias a sus méritos en las aulas. Pero pronto dejó de mostrar tanto interés por los libros, y empezó a jugar al rugby, deporte que se le daba muy bien dada su rapidez. Gracias a Dios, un cambio de escuela hizo que cambiase el balón ovalado por el esférico del fútbol, deporte en el que no sólo destacaría, sino que se convertiría en leyenda.
Tras 5 años formándose en el Cregagh Boy's Club, fue fichado por el Manchester United cuando contaba con 17 años, y ese mismo año ya debutaba con la selección norirlandesa. El juego de Best, eléctrico, con unos cambios de ritmo prodigiosos, y de una habilidad demoledora, hicieron de él un ídolo en Old Trafford al poco tiempo de llegar. Con el Manchester ganó la liga en 1965 y 1967, llegando su momento álgido en 1968, cuando ganaron la Copa de Europa contra el Benfica de Eusebio. Tras llegar empatados a uno tras los 90 minutos reglamentarios, el Manchester United arrolló al equipo luso en la prórroga, terminando el partido 4 a 1. George Best marcó el 2 a 1 al principio de la prórroga, un golazo dejando sentado al portero portugués. Ese mismo año le fue otorgado el Balón de Oro. En ese momento Best contaba con 22 años, había llegado a lo más alto de su carrera futbolístico, y el futuro parecía aguardarle con optimismo, pero su afición a las mujeres, a la noche y al alcohol, hicieron que a partir de ese momento, Best fuese más conocido por sus escándalos que por su juego. Salvo en 1971, año en que hizo una gran temporada, coronada con el Balón de Bronce, el fútbol de Best empezó a disfrutarse con cuentagotas. En 1974 dejó el Manchester United, y tras un breve paso por el Cork Celtic, equipo irlandés, George se fue a Estados Unidos para jugar en la recién nacida liga de fútbol norteamericana, en la que defendió los colores de 3 equipos, los Los Ángeles Aztecs, en el que tuvo buenas actuaciones, Fort Lauderdale Strikers, y San José Earthqukes, clubes estos dos últimos en los que Best lo hizo mejor en las discotecas locales que en los estadios. A finales de 1982, ponía punto y final a su carrera futbolística en el AFC Bournemouth inglés.
Casado dos veces, Best tuvo un hijo en 1981, Calum, modelo de profesión y que se hizo famoso por un supuesto vídeo sexual con su ex-novia, Lindsay Lohan. De tal palo tal astilla.
Pese a sus matrimonios, George no era lo que se dice un hombre monógamo, y se dice que se acostó con más de 200 mujeres.
Su alcoholismo era más que conocido, y en 2002 le trasplantaron el hígado. Un año después se le criticó fuertemente por aparecer bebiendo vino blanco en un acto público. George Best siguió bebiendo pese a todo, y el 3 de Octubre fue ingresado de urgencia por unos problemas de riñón derivados de la medicación que tomaba para no rechazar su nuevo hígado. Su estado mejoró al principio, para luego decaer. Best sabía que sus horas estaban contadas, y pidió al periódico News Of The World que publicase una foto de su deteriorado aspecto con una frase debajo: "Don't die like me".
El 25 de Noviembre de 2005, fallecía George Best, el primer icono pop del mundo del fútbol. Nos dejó buen fútbol, goles, polémicas, escándalos, y frases históricas, de las cuales os dejo aquí las mejores:

“No le pega con la izquierda, no cabecea, no defiende y no marca muchos goles. Aparte de eso, está bien”. (sobre David Beckham)

"Yo podía jugar con las dos piernas, marcaba goles, muchos de ellos con la cabeza. Busby decía de mí que era el mejor en la disputa del balón. Trabajaba duro en la cancha, retrocedía a defender si hacía falta. Si perdía la pelota, era un insulto personal y la quería recuperar. Sí señor, me fastidiaba mucho que me la quitaran, porque era MI pelota."

"No me llega ni a los cordones de la botella". (sobre Paul Gascoigne)

"En 1969 dejé las mujeres y la bebida, pero fueron los peores veinte minutos de mi vida."

"Hace años dije que si me daban a elegir entre marcar un golazo al Liverpool o acostarme con Miss Mundo iba a tener una difícil elección. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas."

"Dicen que me he acostado con siete Miss Mundo, pero sólo han sido tres."

"Nunca salía por la mañana con la intención de emborracharme. Sólo sucedía"

"He gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y coches. El resto lo he despilfarrado."

"Si hubiese nacido feo, vosotros nunca hubiérais oido hablar de Pelé."

"He dejado de beber, pero sólo cuando duermo."

"Cada vez que entro en un sitio, hay 70 personas que quieren invitarme a beber, y yo no sé decir que no."

"Se dicen un montón de bobadas sobre defensas rudos y jugadores destructivos. Yo les llamo simplemente hijos de mala madre."

“Tenía una casa al borde del mar, pero para ir a la playa tenía que pasar por delante de un bar. Nunca me bañé.”

“La prensa es muy mentirosa. Dicen que me he acostado con 200 mujeres, pero sólo fueron 100.”

Tras un trasplante de hígado: “Estuve allí dentro unas diez horas y me tome unas cuarenta pintas. Batí mi record por veinte minutos”.

“Antes, Robert Redford era un tipo muy atractivo. Ahora, mírale, está flojo, tiene la piel colgando y de un color muy extraño.”

"Tendría que haber sido Superman para hacer algunas cosas que se suponía había hecho. He estado en seis diferentes lugares en un mismo momento." (Sobre algunos bulos de su vida privada)

"En cierto modo, Angie me salvó y, probablemente, lo lamentará el resto de su vida", (sobre el día en que intentó suicidarse)

"Cuando está borracho George es el más deplorable, burro e ignorante pedazo de mierda que he visto" (Su mujer)

"Cada noche se bebe dos botellas de champaña con vodka, y por la mañana es imposible levantarle para que vaya a los entrenamientos." (Su mujer)


martes, 12 de abril de 2011

Juanito "Maravilla"


Pese a mi reconocido barcelonismo, hoy escribo sobre un símbolo del madridismo, Juan Gómez González. Juanito. Jugador de raza, agresivo y duro, pero no exento de calidad, intuición, y rapidez. Pero sobre todo, Juanito es un icono del fútbol de lucha y entrega, ejemplo de jugador de los que quedan poco, de los que lo dan todo en un terreno de juego, sudan la camiseta, sienten un escudo. En este caso, el escudo del Real Madrid. Juanito "Maravilla", ídolo en vida, leyenda tras su muerte.
Nacido en la Fuengirola, localidad malacitana, Juanito empezó a destacar en esto del fútbol en el equipo de su barrio, el CD Los Boliches. Su buen hacer con el cuero no pasó inadvertido para los ojeadores de la entonces prolífica cantera del Atlético de Madrid, que le fichó cuando contaba con 18 años. Es curioso que probablemente los dos símbolos más grandes del madridismo, Juanito y Raúl, hayan salido de la cantera rojiblanca. Como decía, Juanito llegó muy jóven al Atleti, y en su debut con el filial marcó dos goles, pero una fractura de tibia cortó su proyección en el club de la ribera del Manzanares, y la temporada siguiente tuvo que hacer las maletas rumbo al Burgos CF, equipo en el que comienza a hacerse un nombre en el fútbol profesional, sobretodo al ser uno de los máximos artífices de la consecución del campeonato de segunda división en la temporada 75/76, con su consiguiente ascenso a primera. En su primer año en la categoría de oro del fútbol español, Juanito se hace con el título a mejor jugador de la liga que otorgaba la revista Don Balón. Esto hace que el todopoderoso Real Madrid se fije en el malagueño, al que fichan por 27 millones de las antiguas pesetas en 1977. 27 kilos parecen ahora pocos por una leyenda de semejante calibre.
Pese a ser un gran jugador, la característica más llamativa de Juanito era su temperamento. Un carácter que tenía como nota positiva la garra que imprimía al equipo, el coraje que transmitía al resto de compañeros, el dejarse la vida en el campo de forma contagiosa; pero que también tenía un lado oscuro, una agresividad y falta de auto-control que hicieron de los incidentes negativos algo habitual en su carrera. Como cuando en 1978 agredió al áribitro alemán Adolf Prokov, lo que le costó una sanción de 2 años sin disputar partidos europeos; o cuando en 1986 escupió en la cara a su compañero Uli Stielike en un partido de copa de la UEFA ante el Neuchatel. Hay que aclarar que eran enemigos íntimos después de que 3 años antes, Juanito acusara a Stielike de ser un mercenario (pese a ello, el día que murió Juanito, Stielike confesó que habían hecho las paces un día en la playa); sin olvidarnos del mítico pisotón en la cabeza al alemán Lothar Mattthäus al año siguiente, en 1987, por lo que le sancionaron durante 5 años sin jugar en Europa. Juanito se arrepintió, y como muestra de ello regaló a Matthäus un capote y un estoque de torero. Genio y figura. Además, se las tuvo tiesas con la directiva del Madrid por motivos extradeportivos. Multas por torear vaquillas, o juergas nocturnas, eran el pan de cada día en la casa blanca.
Tras diez años en el Real Madrid, con el que consiguió 5 ligas, 2 copas, 2 UEFAS, 1 copa de la liga, y un premio Pichichi, Juanito se marchó en 1987 al CD Málaga, donde jugó sus dos últimas temporadas en primera división para posteriormente retirarse en el club de sus orígenes, el CD Los Boliches.
El 2 de abril de 1992, el Real Madrid jugaba contra el Torino en el Bernabéu. Noche grande europea. Significaba también la vuelta a su estadio de Martín Vázquez, que jugaba en las filas del equipo italiano. Juanito, cuyo sentimiento madridista seguía muy candente, había acudido desde Mérida, donde entrenaba al equipo local, el C.P. Mérida. El Madrid ganó por 2 a 1, y Juanito se marchó del estadio contento por ver a su gente y a su equipo ganar. Volviendo a Mérida en el coche que el presidente del club, José Fouto, le había dejado, un camión que transportaba troncos de árbol se desprendió de una parte de ellos. El conductor del vehículo, Miguel Ángel Giménez, no los vio, produciéndose el fatal accidente. Juanito, que iba de copiloto, falleció en el momento. Giménez sobrevivió.
La noticia conmocionó al mundo del fútbol en general, y al madridismo en especial. Desde entonces, y en cada uno de los partidos que se juegan en el Santiago Bernabéu, la hinchada canta en homenaje a Juanito durante el minuto 7 de partido, 7 como el dorsal que defendió durante años, y con el que tanto hizo disfrutar a la parroquia merengue: "¡Illa, illa, illa, Juanito Maravilla!".

"El único estimulante que me dieron en el Real Madrid fue la camiseta blanca" - Juanito.

Gracias a Mario Álvarez-Sala por la idea.